21 febrero 2009

Refugiados Ambientales


Motivado por los correos ambientalistas de un muy buen amigo, al cual de por cierto ya lo tengo en el concepto de loco, incluso mucho antes de que llegarán sus green mails, porque para hablar abiertamente ¿Quién si no aquel que anda moviendo un compost, defecando en canecas con aserrín, llenando embases de plástico con filtros de cigarrillo y esperando con ansias el fin del petróleo es un loco? Y además de eso, recordando que en los viajes al Choco pude percatarme que la pobreza tal como la percibimos no es más que un concepto por nosotros inventado, tan subjetiva como la vida misma, no puedo dejar de sentir de ninguna otra comunidad más envidia que por aquella que pueden vivir en equilibrio con su entorno. Aunque debo reconocer que mis recuerdos del Choco en la actualidad son imágenes de una realidad contaminada por el mundo que sueño, pero en fin, como he sostenido siempre, la gran ventaja que tiene Colombia es tener una gran parte de su territorio olvidado para poder beneficiarse de él cuando los recursos en los actuales escaseen.

Una política que a mi parecer se halla en plena armonía con la Ley 99 del 93 en la que fueron redactados de manera maravillosa los fundamentos de la política ambiental colombiana y por medio de la cual se crea el Ministerio del Medio Ambiente, además de estar consignados en ella nuestros deberes como parte, no fundamental, si no como eso, como parte, un elemento más, sin parecer reiterativo, algo que quizás no haga falta.

Principio 3: El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Lo irónico es que en medio de esta gran proclamación de políticas y derechos, entre ellos el de gozarnos la Pacha mama, surge un deber que es vital para entender y aceptar que el camino por el que optamos ir en busca del progreso va en contravía de ese equilibrio que ahora anhelamos.

Principio 7: ...En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el medio ambiente mundial y de las tecnologías y los recursos financieros de que disponen.

Es un texto sencillo porque lo que pretendo es despertar el interés por un tema que no se agota acá sino que en un futuro será fundamento y eje de nuestras vidas, nuestra existencia. Para empezar, entonces, dejo de tarea el título de éste.
CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ

08 febrero 2009

Hegemonía

Sin lugar a dudas el tema de la semana tiene que ver, no con la liberación de los secuestrados, ni con la muerte de los pasajeros del desafortunado bus en el Atrato Chocoano, no faltaba más, el tema de la semana está relacionado con la obsesión que siente nuestro Presidente por mantener su hegemonía en los medios de comunicación. Ningún otro mandatario lo había hecho con la disciplina y el tesón con el que éste lo ha hecho.

Con un hombre que esta desquiciado por obtener siempre buenas notas, es tontería discutir cual es el mejor vehículo para alcanzar un alto puntaje de favorabilidad. Y es que para un índice que es determinado por las encuestas realizadas a los ciudadanos del común, nada mejor que ponerles la carnada en la caja tonta. Es así como desde hace aproximadamente un año tiene en vilo las expectativas no sólo de sus partidarios sino también de sus oponentes, demostrándoles a todos ellos quien es el que manda. Y los medios nos dan cátedra de cómo, también, de las especulaciones se hacen noticias, anuncian hora tras hora, día tras día, el posible “si” y sus consecuencias, el “no” y sus repercusiones y en medio de esta relación de cooperativismo alcanzan a darse las gracias.

Es paradójico como una persona con tan supremo poder, ve tambalear la propiedad que ha edificado con tanto esmero y trabajo por perder un sólo día la atención de los medios. Tranquilo presidente que mañana volvemos a hablar de usted, le diría yo.

Y nada peor que le quite la atención alguien que ya no tiene nada que perder, ni a nadie a quien temer. Alguien que fue sometido al peor de los vejámenes. Una persona que no puede ya callarse nada porque lo ha callado todo. Que importa si sus críticas surgen de una profunda reflexión o son producto del alegre estremecimiento que produce el saberse libre, en realidad ¿Qué importa? Es en la mente del periodista y del político en la que inquietos están el morbo y las suposiciones.

Pero ahí no termina todo, nuestro mandatario tiene el poder suficiente para hacer una rueda de prensa en el jardín de quien un momento antes tuvo el atrevimiento de discrepar con él en algunos puntos e interpelarlo, ofreciendo así un espectáculo a los medios, quienes como corderos siempre estuvieron allí para escuchar una defensa que no tenía sentido pero que bien valía la pena, para mantener alto el promedio o ganar unos punticos de rating.

No puedo terminar el texto sin antes asegurarles que como en el Choco no están las luces, las cámaras y los micrófonos es mejor dejarlo así. Y si, es mejor dejarlo así.

¿Y sabe qué Señor Presidente?… Debo reconocer que yo también caí en la trampa.

CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ

07 febrero 2009

Reflejo Ausente


Muchos son los temas de los que me falta hacer una reflexión profunda, en especial aquellas inesperadas y cálidas sorpresas que surgieron de los viajes por el Chocó, el Uraba y la Costa Atlántica. Es ahora que me dispongo a hacer un pequeño comentario sobre uno de ellos.

En ese entonces una de las cosas que más me sorprendía de los viajes era que para mí había una ausencia total de los espejos, era grande el impacto, debido a que no sabía lo grato que era disfrutar de su inexistencia y en cierta forma me sentí cerca de descubrir el porqué la gran fobia que profesaba Borges por ellos. "Los espejos y la copulación son abominables pues multiplican y divulgan la ilusión que es el universo".

Los días que pasaban mientras mi cama estaba cerca de ser consumida por la selva y correr el peligro de convertirse en un recuerdo, eran días en el que me permitía el olvido físico. Es algo indescriptible. En la selva sólo era yo, era mi interior, si bien es cierto estaba el cansancio, las heridas, las ronchas, el dolor, todo eran sensaciones que en última instancia estaban ahí por mi mente, mi espíritu o mi voluntad.

Libre de las cadenas a las que se somete todo ser humano con la primera mirada al espejo en el amanecer de todos los días me permitía andar sin la pesada carga de tener que ocultar los errores externos y a la vez estar lejos del sometimiento que ellos producen. Debo aceptar que suena un poco ridículo que un hombre hable de estas cosas, pero cuanto me gustaría que no sólo yo sino también muchas de las mujeres, y uno que otro metrosexual, tuvieran la valentía de asumir el reto.

Los primeros días, no era consciente de la ausencia de mi reflejo, pero sí esperaba la cara de aprobación o desaprobación que muestra el rostro de algún semejante al notar alguna deformación o anomalía. Lo increíble es que en el Chocó pasaron los días e incluso olvide que existía algo como la aceptación o el reproche. En el Chocó todos los actos son por defecto honorables y es por eso que no existe un antónimo para algo que ocurre y no dejará de ocurrir, la aprobación. Eso sí, aclarando que de los únicos que ellos reciben desaprobaciones es de nosotros, los del interior.

Si la soledad no es más que la ausencia de las miradas como afirma Kundera, es decir, ese alguien que yo reconozco que me está viendo y que por tanto soy presencia para él y me lo hace manifiesto con su mirada. Antes de formular la pregunta definitiva debo recordarles que si Narciso no hubiera tenido la oportunidad de ver su estampa en aquel mítico estanque nunca se hubiera enamorado, hasta la perdición, de sí mismo. ¿Qué es, entonces, la ausencia del reflejo propio? Es, simplemente, la libertad que se encuentra lejos de alcanzarse con los grilletes que impone el mundo físico. Es descubrir que podemos ser pura mente.


CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ