04 septiembre 2009

La Lentitud y La Velocidad

El año anterior, después de la hazaña realizada por Usain Bolt en las olimpiadas de Beijing, Anthony Lane nos recordaba el consejo que había dado Proximo al Maximus de Gladiator luego de que éste último interpelara al público con un:

- ¡¿No se están divirtiendo?!

Proximo invita a Maximo a su habitación y le dice.

- Listen to me. Learn from me. I was not the best because I killed quickly. I was the best because the crowd loved me. Win the crowd and you will win your freedom.
- Escúchame. Aprende de mí. No fui el mejor por matar pronto. Fui el mejor porque la muchedumbre me amaba. Gánate al público y ganaras tu libertad.

Y sí, efectivamente, nos hizo esperar un año exactamente, y el público lleno las gradas en Berlín para ver al hombre, que fiel a la velocidad apremiante que gobierna las sociedades modernas, nos regaló ese milagro. Sin embargo, no voy ha extenderme hablando de Usain Bolt, todo lo que quieren saber podrán encontrarlo en google. Quiero hacer un paralelo, porque es Jamaica el país que nos ha regalado dos seres provenientes de escuelas sumamente diferentes, que a su manera y por momentos se han agenciado su libertad regalándonos instantes de gloria.

Tenemos de un lado al Bob Marley con cuyas canciones acompañamos nuestros ratos de mayor ocio, incluido el retozar en alguna paradisíaca playa, por no mencionar otros instantes de menor lucidez. Y del otro a Bolt, que acompañado de toda la tecnología que intenta seguirle los pasos, no da posibilidad a los relojes.

Emancipate yourselves from mental slavery
Emancípate de tu esclavitud mental
none but ourselves can free our minds
nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes
have no fear for atomic energy
no tengas miedo de la energía atómica
cause none of them can stop the time
porque ninguno de ellos puede detener el tiempo

Pero pese a las distancias que separan a estos dos artistas en la construcción de dos modelos para comprender al mundo, podemos afirmar que parte de esa frescura y ese cuidado mensaje revolucionario desplegado por Bob Marley en sus songs of freedom está presente en Bolt al iniciar cada competencia, saluda a la cámara, se peina frente a ella, y rompiendo con todos los protocolos… sonríe.

...

Posdata: Vale destacar, como para que no haya dudas, que también el triunfo de Bekele en los 5000 y 10000 metros en un mismo torneo mundial fue de no perderse, al igual que lo había hecho por primera vez en las olimpiadas de Beijing.


Carlos Andrés Salazar Martínez

01 agosto 2009

Dangerous Liaisons

Una joya... La pasión desatada por aquella furia primitiva que es y seguirá siendo un constante estímulo para la innovación y el paso siempre incesante del tiempo que todo lo modifica incluyendo las formas de la pasión hacen parte de Dangerous Liaisons, un comercial que me cautivó lo suficiente como para atreverme a montarlo en este blog. Y es que definitivamente... no quiero olvidarlo.
Podría desgastarme explicándoles todo lo que ya vieron en el comercial pero sólo hablaré de aquello que no se ve.
Esta obra maestra fue ganadora del León de Oro en el Festival de Publicidad de Cannes 2007. Creada, ingeniada, pulida y retocada por Bartle Bogle Hegarty (BBH) es una pieza que merece la pena ser reseñada. Si hacen un recorrido por los comerciales de Levi's de los últimos 25 años verán en ellos la marca infalible de esta agencia de publicidad que no se cansa de sorprendernos (bartleboglehegarty.com).
Lejos de todo, hay dos temas que me llaman poderosamente la atención. El primero es el tema del tiempo que es tratado de manera magistral. Podría decirles que el mismo juego planteado por el comercial está presente en un cuento de Alejo Carpentier llamado Semejante a la Noche (1958), con la única diferencia que para Carpentier su último hombre es aquel con el que comenzó su aventura, mientras que Levi's deja abiertas las posibilidades, obviamente para conveniencia de su producto. Un juego que da solidez a la afirmación un poco escalofriante de Borges según la cual:
Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare. Mejor aún: Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será. Es decir, ese último hombre y esa última mujer ya fueron todos los hombres y todas las mujeres; si se detienen a pensar, podríamos afirmar que ese hombre y esa mujer están a punto de agotar las formas posibles del amor.
Otro punto que llama la atención es la música, Strange Love es la canción con la que Little Annie pone el toque erótico al universo creado alrededor de estos dos amantes con los que nos sentimos identificados. Una canción que además nos proporciona el final inesperado pero prometedor que anhelamos para ellos.
Una vez tuve un amor extraño,
Una insensata clase de amor demente,
Un amor tan firme y feroz que pensé que moriría
Sí una vez tuve un amor extraño,
Un puro pero muy doloroso amor,
Un amor que quemaba como fuego sobre un campo
Oh una vez tuve un amor extraño,
Un infantil pero trastornado amor,
Un amor que si fuera embotellado mataría.
Mira una vez tuve un amor extraño,
Un secreto e indómito amor,
Un amor que no tomó ningún prisionero en absoluto.
Y una vez tuve un amor extraño
Un amor físicamente inexplicable,
Un amor que desafiaba las leyes científicas
Y luego estaba ese amor extraño,
Que muy malamente entrenó al amor,
Un amor que necesitaba disciplina y leyes.
Una vez tuve un amor extraño
Un amor públicamente aclamado,
El tipo de amor que se ve en las películas.
Y una vez tuve un amor extraño
Un bonito pero vanidoso amor,
Un amor que creo que es mejor dejarlo en sueños
Y una vez tuve un amor extraño
Un amor lleno de moral,
Continuaríamos en santas batallas por las noches
Y luego estaba ese amor extraño,
Ese vulgar y sacrílego amor,
El tipo de amor del que no se habla
Sí, una vez tuve un amor extraño,
Un amor mentiroso e infiel,
Que trama historias como Cerezade
Y una vez tuve un amor extraño,
Un amor raro blanco pervertido,
Corrimos tan rápido que casi derramamos nuestras entrañas…
Ves, yo he tenido algún amor extraño,
Alguno bueno, alguno malo, algún amor sencillo
Algún amor tan tan… ¿tan qué? Y así es la vida…
Pero tan sólo déjame proclamar amor,
De todos los amores extraños,
Tu eres el amor más extraño que he conocido.



Carlos Andrés Salazar Martínez
Director: Ringan Ledwidge

24 julio 2009

Examen de Sometimiento

Dentro del conjunto de las cosas que hacen patente el sometimiento de los hombres y mujeres extraordinarios por parte de la sociedad están las entrevistas para aspirar a un puesto de trabajo. Un trabajo que debería permitir la potenciación de todas las cualidades que son parte de quien pretende obtenerlo. Pero en última instancia es prácticamente imposible que una persona espontanea, difícil de cifrar, en todo sentido opuesta al método, logre pertenecer a una organización que por sobre todas las cosas necesita colaboradores que cumplan ordenes, así estas no impliquen la ejecución de soluciones creativas. Y que, además, tomen como suyo un trabajo que los limita aunque puedan demostrar con creces que están dispuestos a no poner freno a su labor.

Cierto es que los exámenes y entrevistas son el camino para crear frustraciones en aquellos que no logran superarlos pero también el camino para filtrar de la enmarañada sociedad las personas que son aptas para la obediencia y el avasallamiento. Personas que pueden pasarse la vida organizando papeles sin el menor interés por saber qué pasa con ellos o qué hay al otro lado de la línea de montaje. Nada mejor para una empresa que aspira a ser productiva mas no innovadora que un grupo de personas que no creen problemas para las líneas de producción y cuya consigna y forma de vida este dada para salvaguardar los intereses de otro mas no el éxito propio. Pero por ejemplo, ¿Qué sería de alguien que hace mantenimiento a puentes si se pone creativo?¿Que sería de un antiexplosivos si no se limita a ejecutar rigurosamente sus movimientos? Incluso, creería yo, son cualidades de las que debe gozar un astronauta por ejemplo.

Muchos hemos sufrido las ganas de comernos al mundo, de conquistarlo a pesar de nuestras limitaciones, tenemos el ánimo de ascender entre las personas para gobernarlas y mostrarles el camino que consideramos seguro. Sin embargo, para llegar a la cima, debemos comenzar por perdernos en lo bajo. El sistema debe ignorar que uno de sus enemigos está cerca. Por esa razón, por el simple hecho de que somos quienes somos, y debemos someternos al designio divino, es que nos hemos rendido. No queremos saber de un trabajo monótono, no queremos entregarnos con facilidad a una sociedad que nos somete y señala lo que debemos hacer. Y es debido a ello, y he ahí lo paradójico del asunto, que necesitamos que aquellos a quienes queremos salvar sean las personas que pasan los exámenes.

Podemos serlo todo, pero no unos resignados. Emprenderemos el viaje por las intrincadas ciudades posibles para construir en medio de esta sociedad la vida de la que nos creemos dignos. Aunque, tal vez, funcione la estrategia que por generaciones ha servido para hacer de este un mundo feliz, aquella que hará de nosotros los seres que con una facilidad inesperada se entreguen a la monotonía y vean entre todo aquello lo que es bueno: una sociedad en que pocos piensan o al menos creen que lo hacen y en la que muchos, también, se han rendido y son esclavos de sus propios afanes. Y allí estará mi lucha. ¿Será que tiene sentido y no todos podemos ser virtuosos, pero tal vez sí todos mediocres?

Milan Kundera en su Insoportable Levedad, nos enseña que sí, hay personas para las que no existe un designio (es muss sein!, lo llama él). Y lo dice a través del cirujano que protagoniza la novela, luego de ser sometido a la cotidianidad y hallarse, por largo tiempo, alejado de su profesión:
“Las cosas que hacía no le importaban nada y estaba encantado. De pronto comprendió la felicidad de las gentes (hasta entonces siempre se había compadecido de ellas) que desempeñaban una función a la que no se sentían obligadas por ningún “es muss sein!” interior y que podían olvidarla en cuanto dejaban su puesto de trabajo. Hasta entonces nunca había sentido aquella dulce indiferencia. Cuando algo no le salía bien en el quirófano, se desesperaba y no podía dormir. Con frecuencia perdía hasta el apetito sexual. El “es muss sein!” de su profesión era como un vampiro que le chupa la sangre.”

Carlos Andrés Salazar Martínez
Imagen: El hijo del hombre. René Magritte

06 julio 2009

Malcolm Gladwell

Porqué en realidad qué más hace uno si no es buscar en medio de la cantidad inagotable de información aquellos datos que den esperanza, que activen la creatividad o simplemente alimenten nuestra curiosidad. Y es precisamente por esa búsqueda que en este momento tengo un problema, un problema al que no me referiré en este texto que está dedicado, exclusivamente, a uno de los causantes del mismo.

En la revista The New Yorker me topé con un autor que encuentra en los temas cotidianos la materia prima para construir sus teorías y redactar los artículos que, por sobre los otros, destacan por la manera en que son tejidos. Hablaré de los que me han sido dados leer.

En Octubre de 2008 Malcolm Gladwell publicó Late Bloomers, artículo en el que intentaba dar respuesta a la pregunta que encabezaba el texto ¿Porqué relacionamos la genialidad con la precocidad? Pregunta que sirvió de base para escribir en este mismo blog el texto sobre La Inspiración. En el artículo, palabras más palabras menos, Gladwell atina a justificar el hecho de que nunca es tarde para escribir, pintar o componer una obra maestra. El texto lo complementa y hace interesante el testimonio de un hombre llamado Ben Fountain, un abogado que tomó la decisión de dejar de lado la prestigiosa firma para la que trabajaba, por dedicarse a escribir sus historias de ficción luego de superar los 30 años de edad. Quince años después publicaría el libro de relatos que lo ha hecho célebre y le ha otorgado el puesto que se merece en la literatura americana: Brief Encounters With Che Guevara.

Ya para Diciembre de 2008 Malcolm trataría de dar respuesta a una nueva pregunta, ¿Cómo decidir a quién contratar para un trabajo determinado si no podemos asegurar quien es la persona correcta para desempeñarlo?. El texto tiene por nombre Most Likely to Succeed y sólo me tomaré el atrevimiento de citarles la teoría que desencadena parte del problema para dar respuesta a tan pertinente pregunta: "Eric Hanushek, un economista de Stanford, estima que los estudiantes de un mal profesor aprenderán, en promedio, sólo la mitad del año del total del material que debían abordar en el año de escuela. Los estudiantes de un buen profesor podrían llegar a aprender no sólo el material del año, sino también medio del siguiente." Su paralelo esta vez es con un cazatalentos de la NFL quien busca en el football universitario posibles candidatos, no es gratuito entonces que este sociólogo sea contratado por entrenadores y grandes equipos buscando quien oriente su forma de tomar decisiones. En su libro Blink habla precisamente de la información que es necesaria aprehender para tomar las decisiones que por lo general, los deportistas en mayor medida, deben tomarse mientras ocurre un parpadeo.

Otro dato llegaría, de parte de Galdwell, para Mayo del presente año "El politólogo Ivan Arreguin-Toft recientemente observó todas la guerras disputadas, durante los últimos doscientos años, en las que uno de los contendores era mucho más fuerte que el otro. Los Goliats, encontró, ganaron en el 71.5 % de las veces. Eso ya es un hecho significativo. Arreguin-Toft estuvo analizando aquellos conflictos en los cuales una de las partes era diez veces menos poderosa -en términos de armamento y población- que el oponente, y obtuvo como resultado que los más débiles ganaron en alrededor de un tercio de las veces." Los testimonios en esta ocasión también son maravillosos: un equipo de baloncesto infantil indio que desestabilizó los patrones y reglas que rigen en la liga infantil estadounidense y un programador que con Eurisko, su robot libre de reglas, ha logrado sorpreder a los más capaces. How David Beats Goliath, es el título de un texto en el que Gladwell sentencia que al enfrentarnos con un Goliat debemos tener presente quien es aquel que hace las reglas: Goliat.

Pero creo haber resuelto mi problema, Malcolm Gladwell en ningún momento ofrece una respuesta absoluta. Sólo expone ejemplos, testimonios de personas comunes que sirven para dar robustez a sus textos. Al igual que Eduardo Punset, Gladwell se vale de la información que los avances de la ciencia y las investigaciones alrededor de las ciencias sociales han convertido en certezas, para preguntarse sobre la validez e importancia que tienen esos descubrimientos para el hombre común.

Carlos Andrés Salazar Martínez

22 junio 2009

Buscando Respuestas

En uno de los grafitis puestos en escena en Mayo del 68 un joven anarquista se pregunta por '¿Cómo puedes pensar libremente en las penumbras de una capilla?', mientras que otro suplica con un 'Amaos los unos a los otros' por la libertad de los oprimidos. Estas dos frases son algo así como lugares distantes entre los que intentamos construir un camino a diario (bueno, por lo menos, yo si lo hago).

Para dar respuesta al porqué surgió lo que hoy conocemos como religión no se me ocurre nada mejor que citar primero a Melville quien asegura que "la fe, como un chacal, se alimenta entre las tumbas, e incluso de esas dudas mortales extrae su esperanza más vital" y luego a Wittgenstein quien en su Tractatus hace referencia a que el "sentir el mundo como un todo limitado es lo místico". Y sí, es cierto, ponemos nuestras esperanzas en que alguien sepa más que nosotros, ese espíritu omnipresente a quien acudimos para que con su infinita sabiduría se tome la molestia de salvarnos o concedernos en medio del dolor y las ruinas algún milagro.

Pero no estoy aquí para hacer una diatriba contra la religión, la iglesia, o ese ser que todo lo puede, ni más faltaba. Ya bastante se ha escrito al respecto. Tenemos por ejemplo a Bertrand Rusell quien en su libro 'Por qué no soy cristiano' se declara un agnóstico, termino que palabras más palabras menos, quiere decir que cómo nadie es capaz de demostrar de manera cierta (tal y como cuando se realiza algún experimento) la existencia de Dios no es posible por tanto creer que es real. Y en un mundo plagado de demostraciones y hechos no podría pedirse menos de un académico cuya existencia está marcada por la necesidad de corroborarlo todo. Quisiera simplemente poner en consideración dos textos en los que se dan pistas para dar una respuesta definitiva a este espinoso tema.

En una de sus Siete Noches Borges trae a colación el Budismo, religión que incluso hoy goza de tener el mayor número de fervientes seguidores y a la que el autor acude no precisamente por esto, la toma como ejemplo para decirnos que: "Las otras religiones exigen mucho de nuestra credulidad. Si somos cristianos, debemos creer que una de las tres personas de la Divinidad condescendió a ser hombre y fue crucificado en Judea. Si somos musulmanes tenemos que creer que no hay otro dios que Dios y que Muhammad es su apóstol. Podemos ser buenos budistas y negar que el Buddha existió. O, Mejor dicho, podemos pensar, debemos pensar que no es importante nuestra creencia en lo histórico: lo importante es creer en la Doctrina."

Y es precisamente lo que aquel chico de Mayo del 68 estaba pensando, 'bueno, puede que sea incomodo que de mediadora halla una iglesia pero, vale, escribámoslo sobre este muro: Amaos los unos a los otros'. Qué importa más en realidad ¿Aferrarnos a la posible existencia de un Dios a quien hay que temer o estar ahí para quien nos necesita?

Sin embargo, muchas veces es necesario tener fe, alimenta nuestro insaciable espíritu de curiosidad, y quién mejor para recordárnoslo que Oscar Wilde quien en uno de sus exquisitos diálogos nos recuerda que "En cuanto a la Iglesia, no concibo nada mejor para la cultura del país que la creación de un cuerpo de hombres cuyo deber sea creer en lo sobrenatural, realizar milagros cotidianos y contribuir a la conservación del misticismo, tan esencial para la imaginación." Una frase que tiene como marco el ensayo en el que Wilde ensalza a la mentira; de la que asegura no sólo hace parte la religión sino también el arte. Un tema del que muy seguramente les hablaré luego.

Carlos Andrés Salazar Martínez