17 noviembre 2008

Volátil y Efimero

El once de Septiembre del 2001, mientras mirábamos estupefactos como caían sobre la ciudad de New York aquellas dos torres, contemplamos a la vez lo efímero que es el mundo en el que vivimos, y como aquello que hemos inventado y construido no deja de ser una simple arruga sobre un tapete. Como dice Borges el tiempo atenúa los recuerdos y es exactamente lo que ocurrió, nos volvimos a sentir, luego de algunos años, en un mundo seguro, y confiados en las instituciones esperamos que el devenir siga siendo tranquilo. Pero no, estamos sobre un tapete que se moldea al ritmo en el que nuestras efímeras instituciones pecan por acción o por omisión.
Pero a diferencia de todos había un hombre que consciente de que el mundo en el que vivimos es tan volátil cual goleta sujeta al temporal logró abstraerse de la comodidad en la que supuestamente descansaba el mercado mundial para desde allí pronosticar la debacle económica de la que nadie en el mundo es ajeno. Igual que las aparentemente solidas estructuras del World Trade Center colapsaron por el empujón y el posterior debilitamiento de sus pilares, los mercados del mundo sufre un sacudimiento sísmico que pone en entre dicho la placidez con la que las personas del común veíamos la economía, sin embargo, no fuimos los únicos confiados, millones de inversionistas y economistas a nivel mundial también durmieron sobre sus laureles y disfrutaban de su dinero sobre un mar engañosamente placido.
En septiembre de 2006 Nouriel Roubini pronóstico el desangre que sufrirían los bancos Estadounidenses a cuenta del mercado hipotecario, anuncio que se haría realidad para Marzo del siguiente año y que no solo afecto a los bancos americanos sino también a empresas colombianas como Colceramica que vieron con desazón como la construcción en Estados Unidos sufría una parálisis crónica. Es así como en febrero del presente año el mundo asistió a otro pronóstico nada alentador de nuestro ahora, apodado por la prensa mundial, Gurú de la Crisis. Su artículo, al que por cierto sólo ahora nos estamos acercando no sólo nosotros sino también los economistas e inversionistas de los que les hable ahora que censuraron y tildaron de alarmista al ahora Nostradamus de las Finanzas, se titula "Riesgo de un colapso financiero o los doce pasos del desastre que está por venir" y en el presagiaba la completa iliquidez en la que quedarían algunos de los negocios que considerábamos los más sólidos y líquidos y anunciaba además que por cuenta de lo sucedido "Nos encontraremos con una recesión económica global conforme las pérdidas y la restricción del crédito se expandan por el planeta. Veremos pánico, ventas desesperadas y desplome en el precio de los activos que traerán consigo quiebras de entidades sistemáticamente importantes y ampliarán los negativos efectos financieros y económicos de la crisis. La política monetaria y fiscal serán ineficaces (…). La falta de confianza en las contrapartidas generará un deseo de acumulación de efectivo que hará impotente cualquier acción sobre los tipos de interés Debemos estar preparados para lo peor: el colapso del conjunto del sistema".
Definitivamente si parece Nostradamus pero es Roubini, un hombre que no sólo ofreció una visión de una crisis en su tiempo aún por venir, sino que planteo soluciones para las cuales exige el liderazgo y la acción coordinada por parte de las mayores económicas del mundo. En una de estas plausibles medidas propone un "Acuerdo entre países acreedores y deudores para la financiación ordenada de sus déficits y reclinado hacia las economías necesitadas de sus superávits para evitar un ajuste brusco de tales desequilibrios" una medida que por cuenta de su premonición es escuchada ahora en su puesto como nuevo asesor del G7.
En un mundo que nos acostumbro a relacionar economía con palabras como Liquidez, Flujo, Capital, Inversión o Ganancia; es alarmante escuchar ahora como luego de mencionarla hay una seguidilla de palabras como Recesión, Quiebra, Iliquidez, Pérdida o Freno. Pero se me plantea a la vez una pregunta de suma importancia ¿Por qué Colombia, con una economía que ha logrado permanecer firme ante la crisis y que no figura en la lista del Gurú como uno de los posibles países que va a ir a recesión, sigue rogando a un país en quiebra un Tratado de Libre Comercio que ellos ni quieren?
CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ

29 octubre 2008

En La Doble


Recuperare, ahora que la noticia esta fresca, algo que escribí hace ya algún tiempo, y que me parece de una validez absoluta para lo que representa la reciente liberación de uno de nuestros compatriotas por parte de uno de sus captores. Captor que, por cierto, recibirá de manos del Gobierno Colombiano una jugosa suma de dinero por su gesto y de parte del Gobierno Francés una bienvenida.


Muchas cosas que recaen sobre la cotidianidad o sobre los hechos extraordinarios que rodean al hombre, representan un dilema y en gran medida son problemas profundos y trascendentales. En la actualidad nuestro gobierno y con él todos nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes y hasta los de la crema y nata (aunque se figuren lo contrario), emprendimos una empresa, tal vez la más difícil de todas, decidimos hacer frente a los problemas, las ambigüedades y los dilemas de doble moral de los cuales somos víctimas y los cuales son necesarios resolver si deseamos alcanzar la anhelada tranquilidad. Problemas, ambigüedades y dilemas que, muy presuntamente ninguna otra cultura ha querido o se ha propuesto enfrentar. La ley de justicia y paz con la que nosotros en nombre de toda la humanidad decidimos condonar la sevicia de algunos de los crímenes más censurables y escalofriantes que se han cernido sobre la especie humana, proceso del cual hace parte la iglesia, la que a pesar del horror, sale a defender la vida y descomulgando a quienes cerca del aborto tratan de hacer lo que consideran lo correcto, intentan lavarse las manos y mantener intacto un pasado que inmarcesible, los responsabilizara de las circunstancias.

Y si hay aborto, ¿Por qué no también pena de muerte? Y si hay pena de muerte… Y si de hacer justicia se trata, acabemos con la hipocresía y que aquellos que representan lo peor del hombre mueran y no puedan cambiar asesinatos, fosas comunes, caletas, dinero, armas, droga, o violaciones al DIH por años de libertad. Para muchos de ellos, los crímenes son tan abundantes que podrían llevarse su inmunidad hasta el infierno.


La pregunta es, como bien dijo el Doctor Alberto Casas en la W, ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el Pueblo Colombiano por alcanzar tan anhelada Paz? ¿Estamos dispuestos a darlo todo por ver sonreír libres a todos los secuestrados y por regalar a las futuras generaciones aquello que no tuvimos pero que tanto deseamos? He ahí la cuestión.
CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ

24 octubre 2008

Fraccionarios Sociales


El Hombre de los 40 Escudos
Muchas veces he oído hablar del aumento de población. Si se nos ocurriese echar al mundo doble número de chiquillos que ahora, si nuestra patria tuviese doble población, y hubiese 40.000.000 en vez de 20, ¿qué sucedería?

El Geómetra
Que cada uno tendría 20 escudos menos, o bien, la tierra debería producir el doble de lo que produce, o que habría doble número de pobres, o que sería preciso duplicar la industria, y ganar doble en el comercio exterior, o enviar la mitad de la nación a América, o que la mitad de nación se comiera a la otra.

Hace ya mucho tiempo que leí esto, un cuento de Voltaire llamado El Hombre de los 40 Escudos, y aun tengo presente el hecho de que vamos a tener que comernos unos a otros. La tierra ya está próxima a encontrarse en la matera de la que hablaba Malthus. Un matero en el que no habrá suficiente tierra para cultivar el doble.

Sin embargo eso no es lo que me trae aquí. Estoy aquí por razones matemáticas, incluso una materia específica de ellas: Fracciones. Y es que aún no sé porque Voltaire se aventuro a hablar de mitades. Comprendo que el texto, de pronto, exige hablar de la mitad debido a que se especula sobre qué pasaría si fuéramos el doble. Pero aún así persisten las dudas. En ese momento de la historia las cosas no eran muy diferentes a como lo son ahora, no había una tendencia al equilibrio, nunca ha existido. No olvidemos de todas formas que Voltaire hace una aclaración luego de dividir las cosas mágicamente en partes iguales, como término medio. Sin embargo ese término medio tampoco indica mucho, pues, un término medio es como un casi: y un casi puede ir desde los 16 Escudos para unos hasta los 24 para otros.

Porque si hablamos de todo el mundo, y seamos justos, podríamos hablar de otro tipo de proporciones, tal vez un tercio; aunque me atrevería a decir que sigue siendo algo alto, tanto para la época de Voltaire como para la nuestra. Yo hablaría de un dieciseisavo, incluso un treintaidosavo. Porque en definitiva hay personas que no están acostumbradas a vivir ni siquiera con la mitad más que deje el otro y para su fortuna hay personas que podrían vivir fácilmente sin su mitad.

El caso es que puede ser complicado explicarle a la Francia del siglo XVII qué es un dieciseisavo, incluso puede que el problema sea mantener una prosa suave y precisa utilizando la cifra, pero el problema más grande hubiera sido la publicación de un libro en el que se expresara claramente la desigualdad que gobierna el mundo.

Tal vez lo que procuró Voltaire fue despertar esa misma desazón que siento yo al escuchar que todo se va a la mitad, sobretodo a la mitad. Tal vez fue esa cifra, esa fracción, y las ganas de que pudiera ser cierta lo que originó La Revolución Francesa.
CARLOS ANDRÉS SALAZAR MARTÍNEZ

17 septiembre 2008

Faulkner

Leer Faulkner es como escuchar hablar a mi abuelo: la picardía, la aventura, las historias que en medio de toda su realidad esconden todo lo mágico de aquel tiempo en el que todos los procesos estaban sujetos a la voluntad de la naturaleza y el hombre sólo era una victima de su accidentado e impredecible transcurrir. Historias justo en ese momento histórico en el que comenzamos a trabajar en pro de no depender de nadie más, sólo de nosotros, y de esa forma tirarnos en la armonía que existía.
“- No -dijo el señor Ernest-. Eso ya no es suficiente. Hubo un tiempo en que lo único que tenía que hacer un hombre era trabajar la tierra once meses y medio y cazar el otro medio. Pero ahora no es así. Ahora dedicarse al oficio de la labranza y al oficio de la caza no es suficiente. Uno debe dedicarse al oficio de la humanidad.”
Justo como estar hablando con él. El "ya no es suficiente" que se repite generación tras generación. Ya no es suficiente con saber leer, escribir, sumar y restar; ya no es suficiente con terminar el colegio; ya no es suficiente con ir a la universidad; ya no basta con tener un postgrado, ya no es suficiente.
Nací en una época en la que prácticamente todo ya esta hecho, tu vida esta trazada y si perteneces a cierto estrato socioeconómico estas destinado a llevar una vida en procura de alcanzar un peldaño más en la escala de valor.
Por eso admiro el tiempo en el que los abuelos arriesgaban todo por dos acres de tierra, en el que no eran amos de la naturaleza sino que comprendían la forma adecuada de no perturbar los ciclos que hacen temblar de pasión los fértiles campos. En el que habitaban con ella en pleno equilibrio.
Es para mí más inspirador ese recuerdo que el cataclismo del que soy testigo, un enfrentamiento no sólo con la naturaleza sino con nosotros mismos, un suicidio lento, del cual será testigo ella y gracias al cual, muchos años después de nuestra extinción, ella tendrá la posibilidad no sólo de olvidarnos sino de dar paso a otra forma de vida que tal vez la comprenda.
“-Si -dijo el señor Ernest-. Así que debes ir a la escuela. Porque debes saber por qué.”
Todo aquello que amenaza nuestra estadía en la tierra ha sido creado por nosotros mismos, consecuencia de nuestro despreocupado interés por cuidar nuestro hogar y nuestro afán por satisfacer nuestros propios intereses.
“Sólo después de que el último árbol se haya cortado, sólo después de que el último río se haya envenenado, sólo después de que el último pez haya sido capturado, sólo entonces entenderás que el dinero no puede comerse”. Profecía Creek
Y mientras tanto seguimos yendo a la escuela con la esperanza de hacer algún viaje interplanetario que nos salve la vida.


CARLOS ANDRES SALAZAR MARTINEZ

10 septiembre 2008

El Rebautizo


¿Y es que quien de nosotros no tiene un apodo?


Aunque podría comenzar a clasificarse el arte de poner apodos y acomodar unos cuantos géneros que se combinen y formen nuevos, no es mi objetivo definirlos; si pretendo hablar de como ellos hacen parte de la cotidianidad y aunque no nos hemos dado cuenta son ellos los que diferencian las personas buenas de las malas.

Los apodos, alias, sobrenombres, nicknames son, para muchos, aquello que termina definiendo nuestra forma de ser para con las otras personas. Recordemos que la mayoría de nuestros nombres significan (me siento mal diciendo significaron) algo para alguna lengua ya extinta. Y es precisamente por esa pérdida, que algunos de nosotros no nos sentimos completamente identificados con nuestros nombres.

En la actualidad hay personas para las que, sin embargo, es explícito lo que significa o por lo menos designa su nombre. Amparo de La Cruz es, por ejemplo, el nombre de una de mis abuelas. Piedad, Clemencia y Clara podrían ser otros tres ejemplos y continuando con la onda hippie podríamos mencionar a una Paloma, una Burbuja (Porque la conozco) o a un Arco Iris. Pero bueno lo que me lleva a esto es el hecho de saber que para nuestros antepasados era tan importante tener un nombre que las personas comprendieran y les diera carácter que en muchas tribus del mundo a parte de tener un nombre que identifica a alguien dentro de la sociedad o tribu que habita, también, se les asigna un nombre secreto que permite identificar el rol que desempeña cada uno dentro del universo.

No dejo de maravillarme con los nombres que ponen los indígenas, nada raro sería tener un nombre como "Con Honra", "Flor de la Cordillera", "Veloz como el Viento", "Parada con Puño" o "Danza con Lobos"

Los apodos son aquello que nos permite crearnos, entonces, una identidad dentro de la sociedad y le da una especie de ritmo a nuestra forma de ser, debido a que son palabras que tienen una resonancia inmediata dentro de nuestra comprensión. Muestra de esto es incluso que el ciberespacio está plagado de lo que ahora conocemos como nicknames y no de nombres de pila.

Pero bueno, aquí va otra cosa, ¿Por qué a pesar de que todos tenemos algún sobrenombre no hay nada, para los medios de comunicación, que marque mejor la frontera entre quien es bueno y es malo, como los Alias? Para los malos alias y para los políticos títulos rimbombantes en donde debería haber uno que otro cariñito. Y en un país como el nuestro nada tan evidente. En un solo artículo de la revista Semana de no más de una página puede deleitarse nuestra imaginación al ir del Comba, al Rasguño, del Jabón, al Barnie y del Loco Barrera, al Diego Rastrojo; bueno, tal vez no deleitarse, pero si alimentar nuestros pensamientos elucubrando formas y comportamientos.


A mí entretanto me llaman El Gordo, así que imaginen.




CARLOS ANDRES SALAZAR MARTINEZ