04 enero 2012
Memorias de un hincha
05 octubre 2011
Steve Jobs: ¿Innovador?
Gestor de algunos de los objetos que son ya habituales para nosotros como el computador personal o el mouse, Jobs pareció haber asimilado de manera especial las recomendaciones hechas por Baudrillard en libros como De la seducción o el Sistema de los objetos. Podría atreverse uno a pensar que más allá de cualquier otro texto, eran estos sus libros de cabecera. Al leerlos, ideas como que la integración definitiva de los objetos debería ser con el hombre o que la seducción es más fuerte que el poder, me hacían recordar que tan equivocados están todos aquellos que pretenden, con sus anticuadas teorías administrativas, ser Steve Jobs.
Mientras aquellos que pretenden emularlo se desgastan creyendo que la innovación es forzar, hacia la eficiencia y las ganancias, la evolución de la tecnología, Jobs supo hacerlo con una naturalidad difícil de alcanzar. Pero no sólo eso, dentro de sus muchos logros está el haber rescatado de la quiebra una empresa como Apple. Una empresa a la que regresó luego de maravillarnos con películas que cambiaron nuestra forma de ver el cine animado. Pero, como ya se los dije, mañana muy seguramente todo esto lo verá cualquier transeúnte desprevenido en su iPhone.
Y bueno, a decir verdad, sí hay algo nuevo que puede saberse mañana, a parte del nuevo valor de la acción de la compañía de la manzana… Mañana comprobaremos de qué magnitud puede llegar a ser la resonancia de un sólo hombre en el mundo moderno.
Seguramente el que pase sus dedos por la pantalla de su iPad a partir de hoy entenderá lo que está haciendo.
Carlos Andrés Salazar Martínez
09 septiembre 2011
Y para saberse lindo: la neurología cosmética

Han sido necesarias todas las vueltas y justificaciones que ha dado por años la neurobiología, para hablar ahora de un tema que más que fascinante será controversial. La ‘neurología cosmética’ (término acuñado en 2004 por el científico indio Anjan Chatterjee) se erige hoy como respuesta a una de esas grandes cuestiones que parecen estar por ser resueltas. Teniendo claro que la belleza exterior se encuentra al alcance del más feo o, para decirlo como corresponde, el más asimétrico de los seres anormales, podemos hablar ahora de que algún día será más que probable hacer inteligente al menos capaz. Sin embargo, debe tenerse en claro que en el caso del ‘maquillaje neurológico’ no se puede estar, por el momento, al otro lado del espectro.
No es que sea tampoco nada nuevo, de la misma forma que antes era posible adornarse hasta el extremo o ceñirse una faja hasta el umbral de lo posible, también lo era recurrir a plantas, hongos o sustancias químicas que permitieran, no ser inteligentes, pero sí, por lo menos, una explosión de los sentidos o la imaginación. Lo que ha cambiado sin duda alguna son los procedimientos y su efectividad. Aunque la cirugía estética va unos pasos adelante lo que se tiene por el momento en el orden de lo neuronal es el inicio de algo que promete ser mucho mayor y, por tanto, la puesta en escena de una nueva encrucijada.
Hace poco la película Sin límites de Neil Burger (basada en la novela The dark fields de Alan Glynn, publicada en 2001) da una mirada a las posibles consecuencias que traería el consumir una droga que es capaz de potencializar las capacidades cognitivas de una persona. Vale la pena aclarar, en todo caso, que no todas las consecuencias tienen porque ser malas. La reflexión que se plantea es interesante y lo es aún más si se contrasta con un texto publicado en The New Yorker en 2009. En su artículo Brain Gain, Margaret Talbot enseña los resultados de una investigación que realizó en algunos de los campus universitarios más prestigiosos de los Estados Unidos y muestra hasta donde se atreven a llegar los estudiantes por responder con todas sus obligaciones y competir por las mejores notas.
Una de las alternativas señaladas por Margaret Talbot, es la que han encontrado los jóvenes universitarios en drogas como el Adderall, la Ritalina o el Piracetam; drogas que son utilizadas sin prescripción médica y que tienen un alto valor en el mercado negro. En personas normales el efecto de estás drogas es, más que hacerlos inteligentes, permitirles permanecer concentrados en sus trabajos por días o semanas completas. Ese estado de concentración absoluto hace que, por supuesto, su memoria funcione mucho mejor y relacionen ideas o conceptos a los que antes parecían no tener acceso.
Drogas como el Adderall han demostrado ser causantes de desequilibrios nerviosos, fuertes dolores de cabeza, insomnio y pérdida del apetito. Sin embargo, qué pasaría si los científicos lograrán desarrollar alguna droga, cuyos efectos secundarios no sean tan dramáticos y realmente nos hagan más inteligentes. Cómo podría ser pensado el uso de este tipo de drogas. Está, podría decirse, es la otra cara de la moneda, en el sentido de que mientras creíamos que se iban a extender por el mundo sustancias para enajenarnos, tal y como lo presagió Aldous Huxley en Un mundo feliz, hemos encontrado otras que nos permitirán encontrar los argumentos para no permitirlo.
Es probable que el consumo de las llamadas ‘smart drugs’ esté por alcanzarnos, incluso mucho más cerca de lo que nos han tocado desarrollos científicos alrededor del dopaje deportivo, por ejemplo. De ser así, esos avances necesitarán del establecimiento de nuevas normas de conducta… Aunque, a decir verdad, nadie ha visto jamás con malos ojos el tomarse un café en la mañana para procurar mantenerse activo.
Carlos Andrés Salazar Martínez
Imagen: The New Yorker (http://www.newyorker.com/reporting/2009/04/27/090427fa_fact_talbot?mbid=social_retweet)
30 mayo 2011
Dos Estructuras


Dos estructuras que cambiaron la forma de la existencia y la manera como la percibimos.
Muchos son los descubrimientos, revelaciones y hasta casualidades que permitieron hacer del siglo XX un siglo diferente. Nombrarlos todos es una empresa tan inútil como imposible. Sin embargo, de entre todos ellos quiero dedicar este texto a dos acontecimientos específicos. Dos propuestas que a pesar de provenir de dos disciplinas diferentes, comparten un rasgo que ahora, luego del paso de los años, confirmamos las hizo determinantes...
La gran apuesta en ambos casos fue la propuesta de una estructura. Una geometría sobre la que tiene lugar la vida por un lado, y una geometría sobre la que tiene lugar el conocimiento por el otro.
El 28 de febrero de 1953, Francis Crick entró a un pub en Cambridge, Inglaterra, para anunciar a viva voz que él y James Watson – su colega – habían encontrado el secreto de la vida. Sin embargo, más que el secreto de la vida, idearon un modelo con base en cálculos que les permitieron estimar cómo debía verse una molécula de ADN, para obtener así una de las estructuras tridimensionales que revolucionaria la forma como vemos la vida.
El ADN es una doble hélice, con las bases dirigidas hacia el centro, perpendiculares al eje de la molécula (como los peldaños de una escalera caracol) y las unidades azúcar-fosfato a lo largo de los lados de la hélice (como las barandas de una escalera caracol).
Pero esa es sólo la primera estructura, la otra geometría por demás polémica, fue la propuesta por Deleuze y Guatari – en este caso filósofos – quienes se atrevieron a desafiar la estructura arbórea y jerárquica sobre la cual, o con la cual, nos habíamos dejado llevar por el camino del conocimiento. Es decir, según el modelo arborescente, hay ideas que dan entrada a otras y que de alguna forma determinan un dominio que no puede ser fracturado.
Curioso es que para describir la geometría del conocimiento los autores traen a colación una cita de Kafka, frase que se convertiría en la justificación y en cierta medida la causa de su propuesta.
Las cosas que se me ocurren no se me presentan por su raíz, sino por un punto cualquiera situado hacia el medio. Tratad, pues, de retenerlas, tratad de retener esa brizna de hierba que sólo empieza a crecer por la mitad del tallo, y no la soltéis.
De igual manera que la primera estructura a permitido el desarrollo de la ciencia en campos como la biología o la genética, la segunda ha hecho posible comprender que es lo que pasa con la información; con la estructura rizomatica que proponen las búsquedas en internet y que, sin lugar a dudas, sería inútil pensar en ellas en sentido arborescente.
A diferencia de la estructura del ADN que no exige otra cosa que verla y estudiarla, la estructura rizomatica exige no sólo echarle un vistazo sino comprender, a su vez, que la forma en que estamos tratando de asimilarla se hace, también, de manera rizomatica.
¿Qué tiene que ver una patata con la forma como se construye el conocimiento? Pues que es la mejor manera para que lo entendamos. La semioesfera es una patata de la que podemos extraer tajadas de conocimiento, que en ese caso serían llamadas mesetas por Deleuze y Guatari; y que tal vez, sólo tal vez, podrían llegar a ser arborescentes.
Es difícil abstraer exactamente lo que ocurre con semejante propuesta. Pero, sostienen los autores que:
Igual que sabemos que el universo se compone de 4 dimensiones pero a las que no podemos asir completamente con nuestro pensamiento, de igual manera nuestra manera de razonar se da en forma de rizoma pero estructurar en forma de rizoma nuestro pensamiento rizomático es tan difícil como tratar de concebir el concepto de 4 dimensiones.
Carlos Andrés Salazar Martínez12 febrero 2011
La Felicidad: Una Travesía

